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Donnie Darko (2001)

Donnie Darko es tal vez “la película de culto” por antonomasia – filmada con un inusitado presupuesto de $4,5 millones en 28 días, con actores poco conocidos (los hermanitos Jake y Maggie Gyllenhaal por aquel entonces) y otros íconos de culto en roles menores. Richard Kelly, escritor y director, por entonces de 26 años, no encontraba distribuidora que se arriesgara con una película tan ecléctica y difícil de clasificar. Casi pasa directo al video. El estreno en cines se vio atravesado por los ataques del 9/11, diezmando ventas. Sólo a la larga, de a bocanadas, la película filtró la cultura popular y se convirtió en una suerte de éxito adormecido en el tiempo. El mundo acabará en 28 días, 6 horas, 42 minutos y 12 segundos. Donnie Darko está seguro de esto: se lo dijo su amigo imaginario Frank, un hombre vestido de conejo. Y menos mal que salió de casa a recibirlo, porque en ese instante una turbina de avión cae del cielo, atravesando el cuarto de Donnie y todo lo que hay dentro. Plagado por eventos y alucinaciones de símil índole, Donnie se embarca en un viaje a través del tiempo, el amor y un perturbador colegio secundario. Mientras tanto, los días están contados. Trama ominosa si las hay, pero Donnie Darko cambia de piel y tono constantemente y evita los lugares comunes del género. Plantea un thriller sin respuesta, juega con ciencia ficción sin fundamentos sólidos y sortea constantemente la fina triple frontera entre la realidad, la imaginación y un universo tangencial a ambos. Un posible equivalente literario a este híbrido podría ser el Holden Caulfield de JD Salinger, cuyo ansia acerca de la enajenación adolescente y disconformidad social se vuelve permeable a los mejores cuentos fantásticos de un Poe al azar. De la mano del fascinante (sino bizarro) planteo se hallan algunas de las mejores actuaciones de estrellas que de otra forma habitan nichos risibles dentro de la cultura popular. Drew Barrymore (también productora de la película) interpreta una maestra tajante y sombría, y Katharine Ross sale de su retiro profesional para psicoanalizar a Donnie. Patrick Swayze, ya escindido de sus roles de macho carilindo, juega con el personaje Jim Cunningham, el perverso gurú que plaga la escuela de Donnie con su perlina sonrisa y videos motivacionales. El pecado de Donnie Darko será tal vez la megalomanía de Kelly, que desde entonces se ha dedicado a intrincar su película editando nuevas versiones, agregando narraciones propias con el propósito de guiar la interpretación de su público y adulterando el resultado final con trasfondos y epílogos en su página de internet personal, con lo cual la experiencia Darko se ve frustrada por los intentos de su creador en continuar trastocando sus mecanismos. Donnie Darko es disfrutable en la medida en que ignoramos los divagues metafísicos y paradojas ontológicas que Kelly pretende achacar a una película con ansias de franqueza.

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