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Hereafter (2010)

El simbólico adiós de Clint Eastwood a una carrera de violencia que significó el geriátrico western Unforgivable (1992) fue apenas un preludio a una larga gestión de sensibilidades y opus menores que tocaron cielo con Million Dollar Baby (2004) y culminaron con Gran Torino (2009) – segunda y ahora sí última renuncia al estereotipo de macho violento que encarnó con frivolidad durante buena parte de su filmografía. Aunque no dejo de rescatar aquella escena en la que Eastwood martilla un rifle y con su emblemática voz de asco solicita a un par de mocosos insolentes que salgan de su condenado césped. Hereafter (2010) forma una suerte de secuela espiritual al largo adiós de Eastwood. Si la película anterior termina en muerte – no solo la muerte física, sino también la muerte de una época, de un código de producción – Hereafter es el devenir de la muerte y más allá. Ocupa un nicho adecuado, aún si residual, de serena reflexión, abruptamente recortada por los tropos de la comedia romántica. En Tailandia, una periodista (Cècile de France) sobrevive “el tsunami del 2004”. Es una espeluznante y realista rendición del desastre, que no abusa del efectismo y da diez vueltas a otras películas que hacen de estos desastres el núcleo del show. La experiencia de muerte la trauma y le juega una traba social/laboral al volver a su Francia natal. En San Francisco, un resignado psíquico (Matt Damon) intenta llevar una vida normal de obrero, intentando escapar su lucrativo pero penoso pasado de nigromante. El tríptico se cierra con un jovencito londinense (interpretado de a turnos por los gemelos McLaren), ansioso por superar el alcoholismo de su madre y la muerte de su hermano gemelo. Nuestra periodista comienza a interesarse y a escribir sobre su experiencia de muerte, nuestro psíquico apuesta a un romance con una compañera (la etérea Bryce Dallas Howard) y nuestro medio gemelo lidia con la adopción. El guión alterna a ritmo de metrónomo entre estas tres historias que, eventualmente, confluyen en algo poco menos que climático. Es inevitable sentirse más atraído por una historia y menos por las otras dos. Y es obvio suponer que las tres llegarán a un cruce significativo, pero éste llega bien pasado el tercer acto, cuando ya solo queda resolución y buena parte de nuestro elenco ha hecho las pases con sus demonios, lo cual deviene en la yapa de un acto de comedia romántica – excepto que ya estamos todos demasiado deprimidos para verle la comedia, y demasiado sorprendidos para entender el romance. El balance estropeado, las historias de reservorio y la resolución (el golpe de horno que hace a la memoria en el espectador) inverosímil e innecesaria, restan a la presencia de Damon y las actuaciones de de France y los McLaren. Clint Eastwood, otrora vaquero y harto oficial de la ley por antonomasia, ahora realizador de filmes revisionistas y sensibleros, es una de esas leyendas vivas que mellan el bulevar más hollywoodesco del cine con sus extensas y multifacéticas trayectorias, reinventando y probando su valía con el pasar de cada década. Hereafter es un tanteo dentro del ámbito paranormal, pero no confundan su premisa con la de Sexto Sentido (1999) o la del género horror – más bien, la de suspenso bien logrado pero de mala paga.

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