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Fase 7 (2010)

¿Hace cuánto que queremos que El Eternauta se haga de plata en la pantalla? Luego del aborto del millonario proyecto de Lucrecia Martel y aquel simpático corto que Enrique Piñeyro realizó para algún BAFICI, la posibilidad de adaptar la novela gráfica de Oesterheld y Solano López al cine parecía aún más remota. Enhorabuena llega Fase 7. Un edificio residencial es puesto en cuarentena. Luego, el típico montaje de noticieros desconcertados hablando de pandemia e infecciones. Un grupo de vecinos desconcertados empiezan a jugar a la política entre sí. ¿Qué hacer con los infectados, cómo administrar las provisiones, qué ocurre afuera y cuánto durará? Cada uno es una postura ideológica. Y la retórica tormenta se está acercando. Hablar del estilo de Fase 7 es quebrar gran parte de la sorpresa que depara al público. Es, en principio, una comedia de humor color negro azabache. En segundo lugar, pertenece al género de la ciencia ficción – por su planteo apocalíptico y varias referencias a El Eternauta – y no en menor medida al de terror – por la copiosa sangre que va tiñendo las paredes del edificio. Invoco el poder del SPOILER para advertir a lectores que seguir leyendo pone en riesgo la magia y el efecto de la sorpresa del filme. Ya. Ahora imaginemos un contexto a lo Eternauta, localizado en un edificio a lo REC y hecho realidad por la cámara de Quentin Tarantino. Un muy, muy sanguinario Tarantino. Y lo menciono no solo por la políticamente incorrecta violencia que repentinamente degustamos, sino también por su manejo del grotesco, del costumbrismo y su explotación a modo de parodia. Sumemos a esto un efecto del cual el propio Cronenberg estaría orgulloso – tan bien realizado que su sola aparición cambia rotundamente el tono y dirección de la película. Repasemos el elenco: comprende al enclenque de Daniel Hendler como un improbablemente heroico Juan Salvo; la muy embarazada Jazmín Stuart como una arpiesca Elena; su vecino Yayo como un cerebral Favalli que se las sabe todas y a Federico Luppi en un papel de los que penetran la cultura popular nomás con salir del cine recordando su presencia y recitando sus líneas. Las referencias al Eternauta son inevitables. La catástrofe mundial. La residencia que resiste. Los sobrevivientes albergados dentro. El icónico traje que vimos en los afiches y estamos esperando a que Hendler se lo calce. El silencio de los muertos afuera y los sonidos de saqueo que se aproximan. El director de Fase 7 es Nicolás Goldbart. Montó Los paranoicos, también con Hendler y Stuart. Hay una referencia a eso también. Supongo que la película es una construcción a base de referencias. Una construcción que a veces parece collage (la peli tiene nada menos que tres finales, uno tras otro). Nada de esto desmerece el diestro manejo del verosímil de Goldbart, y su impecable habilidad para crear tonos y ambientes y luego desdoblarlos por completo, sólo para rectificarlos en algún momento en el futuro. Este tipo de batuta es difícil de encontrar y estoy seguro que, mientras Goldbart sepa reinventarse y buscar nuevas rutas, representará una encomendable adición a la filmografía argentina.

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