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Splice (2009)

En Species (1995), una criatura genéticamente creada escapaba del laboratorio y evolucionaba rápida y peligrosamente hasta convertirse en la curvilínea Natascha Henstridge, momento en el que pasaba a “cazar pareja”. Hay todo una serie de esas películas. Si prendimos el televisor en algún momento durante los 90s, las enganchamos por Space. Hay todo un género de películas de horror serie B en las que una mujer sexy es realmente un alienígena disfrazado que está buscando procrear. Splice es un golpe de nostalgia hacia aquellos viscosos viejos campos. Clive (Adrien Brody) y Elsa (Sarah Polley) son un matrimonio de científicos que despuntan en el área de manipulación genética. Básicamente hacen de ingenieros a nuevas formas de vida para poder cultivar “mejores proteínas”. La primera escena los tiene dando vida a una criatura que tiene toda la pinta de ser una lengua de vaca animada. Con un hachazo financiero colgando sobre sus cabezas, toman el riesgo de crear una criatura combinada con ADN humano. El resultado es “Dren”, que a los días desarrolla el cuerpo de la modelo francesa Delphine Chanéac (aguijón y branquias opcionales). Criar, esconder y lidiar con “Dren” es el meollo de la película. Brody y Polley como el matrimonio de batas blancas son un gran error de casting. Al menos Brody es demasiado bueno para este tipo de chascos genéricos. Difícil creerlos científicos, siquiera casados. Se visten y actúan más como los White Stripes, saliendo en portadas de revistas y dando conferencias de prensa, y menos como las ratas de laboratorio que supuestamente son. ¿Pero importa realmente quiénes actúan o no? Clive y Elsa representan a la audiencia (y su estupor) ante la mirada de “Dren”, el único atractivo de la película. Como ciencia ficción, Splice hiede a reciclaje de tercera categoría. Como pornografía, o más bien softcore fantástico, presenta los fetiches necesarios para reunir a algún que otro seguidor de las series Species y Decoys. Como ellas, la película mezcla el erotismo y el horror en un mismo trago. La perversión toma escalas mayores hacia el final, cuando entran en juego las palabritas asesinato, violación e incesto. Lo gratuito de todo ello ofenderá a algunos y asqueará a otros. La verdad es que Splice es una película inocua dentro de su inocencia efectista, y como que da igual verla o no.

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