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Silent Hill (2006)

Silent Hill es la franquicia de video juegos Konami pertenecientes a aquel raro género de la industria en el que prima la exploración y el ingenio por sobre el combate y las escenas de acción. El llamado survival horror. Sus insignias son monstruos palpitantes y espásticos, implícita sexualización y todos los lugares comunes del terror psicológico. Cuenta con más de siete juegos a la fecha; la peli, del 2006, fue hecha antes del quinto, y es una suerte de compendio de los primeros cuatro, tomando la trama del primero, los monstruos del segundo, y música y referencias del tercero y el cuarto. Rose Da Silva (Radha Mitchell) lleva a su hija adoptiva Sharon (Jodelle Ferland) al pueblo fantasma Silent Hill. No queda muy en claro para qué. Sharon es sonámbula y murmura el nombre entre sueños, aparentemente el procedimiento adecuado es llevarla allí. Un accidente automovilístico las separa, y Rose se pasa dos horas buscándola, sorteando todo tipo de criaturas espantosas, cultos satánicos y dimensiones alternantes. Lo que me gusta del juego (no que importe, hablando de la película) es su dirección artística y su diseño sonoro, entramados magistralmente para generar aquel sentimiento tan característico de angustia e impotencia. En cierta medida esto se traduce en la película: Akira Yamaoka, famoso compositor de la serie, presta sus mejores obras al largometraje, y los estilizados escenarios llenos de óxido, sangre y sarro hacen el resto. Por otro lado, la historia siempre me ha resbalado. A excepción de contados juegos, la trama que guiona la serie es del todo pretenciosa, a menudo contradictoria y casi siempre mal actuada. Otra adaptación bien lograda: todos estos aborrecibles atributos se hacen presentes y llegan a tiempo para frustrar a los fanáticos y confundir a los demás. A saber que la cinematografía es superior al producto final y el guión no se la merece; a falta de presupuesto hay cierta escasez de monstruos, Ferland (la nenita esquizoide de Tideland, con roles de psíquica en Carrie y vampiresa en la nueva de Twilight) siempre bienvenida en un rol macabro, y el elenco está compuesto en un 90% por mujeres. Originalmente en un 100%, pero alguien “de arriba” se quejó e inventaron a último momento al personaje de Sean Bean, marido de Rose, junto a una insulsa y prolongada sub-trama que en poco y nada se relaciona con la principal. El director es Christophe Gans, proclamado adicto a la serie. Su visión de Silent Hill es fiel en muchas cosas y alevosa en tantas otras; no deja de ser una de las mejores adaptaciones cinematográficas de video juegos (una rareza). Pero nunca termina de configurar una historia que halle un punto medio que logre satisfacer a los fans con una digna adaptación y proveer una historia coherente y comprensible para el espectador casual, principal componente de la audiencia.

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